Los pacientes que presentan daño renal estructural o funcional durante un período mayor a tres meses son diagnosticados con enfermedad renal crónica en estadio terminal, cuyo tratamiento principal es la terapia de reemplazo renal mediante diálisis, la cual permite prolongar la vida del paciente. Existen dos modalidades principales: hemodiálisis y diálisis peritoneal. Esta última está indicada especialmente en pacientes hemodinámicamente inestables, con accesos vasculares difíciles, en adultos jóvenes que optan por tratamiento domiciliario, en personas que residen en zonas alejadas de centros de hemodiálisis y en aquellos con insuficiencia cardíaca (1, 19).
El tratamiento de diálisis peritoneal consiste en la inserción de un catéter en la cavidad abdominal y la posterior infusión de soluciones dializantes con diferentes concentraciones de glucosa. Las concentraciones bajas se utilizan en pacientes con equilibrio hídrico estable, las medias en casos de retención leve a moderada de líquidos y las altas en pacientes con sobrecarga hídrica severa. La glucosa actúa como un agente osmótico que facilita el transporte de agua desde el torrente sanguíneo hacia el dializado (2, 20).
A pesar de ello, la peritonitis relacionada con la diálisis peritoneal sigue siendo la complicación infecciosa más seria de este tratamiento. Su importancia clínica se debe a su relación con la pérdida de la técnica de diálisis, así como al aumento de hospitalizaciones y gastos en los sistemas de salud. En este marco, los estándaras internacionales establecen como meta una tasa de peritonitis de ≤0,40 episodios por paciente al año, subrayando la educación, la formación y la reevaluación constante del paciente y sus cuidadores como elementos esenciales en su prevención (3, 21).
En estudios recientes llevados a cabo en España, se estima que la enfermedad renal crónica afecta a alrededor del 10% al 15% de la población, y se prevé que aumente de forma gradual en los próximos años. Más de 68.000 pacientes se encuentran en tratamiento renal sustitutivo, con aproximadamente 7.300 nuevos casos anuales. A nivel global, se estima que por cada millón de habitantes existen más de 2.400 pacientes en tratamiento de reemplazo renal, lo que evidencia la magnitud del problema de salud pública (4, 22).
En Latinoamérica, la terapia de reemplazo renal predominante es la hemodiálisis. Se estima que cerca de medio millón de personas reciben este tipo de tratamiento, mientras que solo alrededor del 9% accede a diálisis peritoneal, lo que evidencia una importante brecha en el acceso a esta modalidad terapéutica (5, 23). Además, el trasplante renal no ocupa el primer lugar en muchos países debido a limitaciones en políticas de donación de órganos, a diferencia de países como España, donde esta opción terapéutica tiene mayor prevalencia (6, 24).
En Ecuador, durante el año 2022 se registraron aproximadamente 21.394 pacientes con enfermedad renal crónica, con un incremento significativo en la demanda de terapia de reemplazo renal. En el mismo período se reportaron más de 3.000 nuevos pacientes en diálisis, superando las tasas recomendadas por la Sociedad Latinoamericana de Nefrología e Hipertensión (SLANH), lo que evidencia un problema creciente de salud pública (6, 25).
A nivel global, se ha identificado que los pacientes jóvenes con bajos niveles de educación presentan una comprensión limitada de los regímenes terapéuticos, lo que impacta negativamente en la adherencia al tratamiento. La alfabetización en salud se convierte en un elemento clave para mejorar la comprensión de las indicaciones médicas, facilitar la toma de decisiones y reducir complicaciones. Estudios recientes han demostrado que la falta de educación continua en pacientes sometidos a tratamiento domiciliario favorece conductas inadecuadas y aumenta el riesgo de complicaciones (7, 26).
Por otra parte, la diálisis peritoneal ofrece múltiples beneficios en comparación con la hemodiálisis, incluyendo una mejor preservación de la función renal residual, mayor estabilidad hemodinámica y menor riesgo de infecciones virales transmitidas por sangre, como hepatitis, así como menor exposición a infecciones respiratorias como SARS-CoV-2 (8, 27).
Dentro del grupo de pacientes en diálisis peritoneal, los adultos jóvenes representan un grupo de interés con una vulnerabilidad particular condicionada por factores psicosociales, laborales y conductuales propios de su etapa de vida. A diferencia de otros grupos etarios, las demandas del entorno social, la inserción laboral activa y la búsqueda de independencia funcional suelen interferir de manera significativa en las exigencias del tratamiento domiciliario, lo que puede generar una menor priorización del autocuidado y una percepción distorsionada de la gravedad de la enfermedad. Esta transición biológica y social incrementa significativamente el riesgo de cometer errores o descuidos en la técnica de intercambio de soluciones y en el mantenimiento de la asepsia, elevando su susceptibilidad al desarrollo de complicaciones infecciosas. En consecuencia, la vulnerabilidad en este grupo no radica únicamente en aspectos clínicos, sino en la compleja adaptación de su ritmo de vida activo a las limitaciones de una patología crónica, haciendo indispensable que las intervenciones de enfermería aborden este contexto personal para asegurar una adherencia terapéutica efectiva (31).
En este contexto, la prevención de la peritonitis no solo mejora los desenlaces clínicos, sino que también contribuye a la sostenibilidad de los sistemas de salud, especialmente en jóvenes, quienes se encuentran en una etapa productiva y socialmente activa. Por ello, surge la interrogante: ¿Cuáles son las intervenciones de enfermería en la prevención de peritonitis en adultos jóvenes sometidos a diálisis peritoneal? Dado este panorama, el papel del profesional de enfermería se vuelve indispensable, ya que el proceso educativo, la normalización de procedimientos, la identificación temprana de signos de infección y el seguimiento constante son esenciales para disminuir la frecuencia de peritonitis. En esta línea, el objetivo del presente estudio es examinar las acciones de enfermería enfocadas en la prevención de peritonitis en adultos jóvenes que están en diálisis peritoneal, aportando evidencia significativa para su uso en entornos clínicos en Ecuador y Latinoamérica.